La Sira — la biografía del profeta Mahoma (la paz sea con él) — es una de las vidas mejor documentadas de la historia. Nació en La Meca en el Año del Elefante (570 d. C.) y pasó de ser un niño huérfano a un comerciante famoso por su honradez, y de ahí al último Mensajero, cuya vida transformó Arabia e inspira hoy a más de mil millones de personas. Su biografía no es solo una crónica de hechos: es un ejemplo vivo de misericordia, paciencia y carácter, con lecciones plenamente vigentes.
Nacimiento y primeros años en La Meca
Nació de Ámina y Abdallah en el año 570; perdió a su padre antes de nacer y a su madre a los seis años. Lo criaron su abuelo Abdulmutálib y su tío Abu Talib. De joven trabajó como comerciante y se ganó el título de Al-Amín, «el Digno de Confianza», por su honradez. Se casó con Jadiya, que se convirtió en su mayor apoyo.
La primera revelación
A los 40 años se retiraba a la cueva de Hirá para meditar. Allí, en Ramadán (610 d. C.), el ángel Yibril le trajo la primera revelación: la orden de «Iqra», «Lee», los primeros versículos de la sura Al-Alaq. Conmovido, regresó a casa, donde Jadiya lo consoló y creyó en él. Así comenzó una misión que cambiaría el rumbo de la historia.
Años de persecución y paciencia
En La Meca predicó trece años, llamando a adorar a un solo Dios y a tratar con justicia a los débiles. Los quraishíes respondieron con boicot, burlas y crueldad contra él y sus seguidores; sin embargo, él nunca respondió al odio con odio. Algunos compañeros emigraron a Abisinia. Su paciencia ante el sufrimiento se convirtió en modelo de firmeza sin perder la misericordia.
La Hégira y la construcción de Medina
En 622 d. C. emigró a Medina — la Hégira —, fecha que marca el inicio del calendario islámico. Los habitantes de Medina, los Ansar, recibieron a los emigrantes, los Muhayirún, y compartieron hogares y bienes. Construyó la mezquita como corazón de la comunidad y estableció la Carta de Medina, uno de los primeros acuerdos escritos de convivencia de la historia, entre musulmanes, judíos y otras tribus.
Perdón, carácter y lecciones eternas
Tras años de conflicto, cuando La Meca se abrió ante él en 630 d. C., proclamó una amnistía general. Su sermón de despedida (632 d. C.) proclamó la igualdad de todas las personas, los derechos de la mujer y la inviolabilidad de la vida y la propiedad. Falleció ese mismo año en Medina. Su legado es la misericordia: honradez en los tratos, bondad con los débiles y perdón a los enemigos.